Su embarazo avanzó sano. Daniel asistió a cada consulta, y cuando llegó el día del nacimiento, ambos lloraron al ver a su hija, Isabela, abrir los ojos por primera vez.
En el pasillo del hospital, Lucía y Álvaro esperaban. Elena se acercó con la bebé en brazos.
—Queréis conocer a vuestra nieta?
Las manos temblorosas de Lucía se extendieron con una mezcla de emoción y gratitud.
Elena sintió por primera vez en meses una paz profunda. Su vida había cambiado radicalmente, sí, pero ahora tenía una verdad limpia, una familia más grande y un futuro luminoso.
Final có hậu:
Miranda fue condenada, Elena recuperó su identidad, Daniel se mantuvo a su lado sin dudar, y la llegada de la pequeña Isabela cerró para siempre un ciclo de dolor, abriendo un camino lleno de amor y justicia.
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