“Feliz cumpleaños, te vas al asilo”, dijo. Callé. No sabía que yo era el dueño del lugar…

Un martes llegó un residente nuevo, hombre de 72 años, cabello blanco, encorvado, rostro triste. Su hijo lo dejó en la entrada sin despedirse, sin abrazar, solo bajó las maletas y se fue. Como Marcela hizo conmigo. Vi la escena desde la ventana de mi habitación. Bajé, salí al jardín, me acerqué al hombre. Bienvenido. Me llamo Esteban. Le extendí la mano. Él la estrechó débil, sin fuerza. Gracias. Yo soy Ernesto. Su voz temblaba. Sé cómo te sientes, le dije.

Yo también fui abandonado hace tres meses, pero aquí encontré algo mejor que familia de sangre. Encontré respeto. Ernesto me miró con los ojos húmedos. De verdad asentí. De verdad, aquí todos somos familia, no por obligación, sino por elección. Don Jacinto se acercó. Doña Tere también. Venga, don Ernesto, le mostramos el lugar y le presentamos a los demás. Lo rodearon, lo acompañaron. Ernesto sonrió apenas, tímido, pero sonríó. Vi cómo entraban al edificio. Sentí algo cálido en el pecho.

No era orgullo, era propósito. Yo había construido este lugar hace 30 años, pero solo ahora entendía su verdadero valor. No era un negocio, era un refugio, un hogar para quienes la familia había olvidado. Esa tarde, don Jacinto se sentó conmigo en la banca del jardín. Don Esteban, ¿alguna vez vio a su hija otra vez? Me preguntó con curiosidad. Yo negué con la cabeza. No, pero mandó una carta. Llegó hace tres días. Saqué un sobre de mi bolsillo blanco, sin abrir, con mi nombre escrito en letra cursiva, la letra de Marcela.

¿Y no la ha leído?, preguntó don Jacinto. Negué otra vez. No, aún no. Lo miré. Tal vez algún día, pero hoy estoy bien así. No necesito sus palabras, no necesito su perdón, solo necesito mi paz. Don Jacinto asintió. Es sabio, don Esteban, muy sabio. Doña Terez se unió a nosotros. Traía una maceta con geranios rojos. La colocó junto a la banca. Don Esteban, usted nos enseñó algo importante, que nunca es tarde para empezar de nuevo, para elegir nuestra propia familia, para vivir con dignidad.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.