Hijo Abandonó Su Madre en Una Casa Vieja… SIN SABER QUE ELLA SE VOLVERÍA MILLONARIA…

Méndez la miró a los ojos. Significa que ese terreno vale millones de pesos y que don Aurelio construyó encima sin tener el derecho legal. Guadalupe no durmió esa noche. Se quedó sentada en la cama mirando la pared. El sobre amarillento estaba en sus manos. Pensó en Manuel, en todas las veces que él mencionó el terrenito. Ella nunca le hizo caso. Pensaba que eran sueños de un hombre pobre. pensó en Ramiro, en cómo la dejó aquí, en cómo no contestaba las llamadas, en cómo le dijo, “Aquí vas a estar mejor.” Pensó en Mariana, en don Aurelio, en la mesa llena de comida que nunca la invitaron a probar.

Apretó el sobre contra su pecho. “Manuel, ¿por qué no me dijiste?” El viento movió las cortinas rotas. No hubo respuesta. En la ciudad, el abogado de don Aurelio entró a su oficina con cara de funeral. Don Aurelio, encontré a la dueña del terreno. ¿Quién es? Guadalupe Ortega, viuda de Manuel Ortega. Don Aurelio frunció el seño. Ortega, como el apellido de Sí, es la mamá de Ramiro. Don Aurelio se levantó de golpe. La mamá de Ramiro. Sí, señor.

La mujer que él llevó a vivir a una casa en las afueras hace unas semanas. Don Aurelio se quedó parado procesando. Me estás diciendo que la mamá de mi yerno es la dueña legal del terreno donde está mi empresa. Sí, señor. La escritura es legítima, verificada. Don Aurelio golpeó el escritorio. Tráeme a Ramiro ahora. Ramiro llegó a la oficina de don Aurelio. Nunca lo había visto tan enojado. ¿Qué pasa, don Aurelio? Siéntate. Ramiro se sentó. ¿Tu mamá tiene papeles de un terreno?

Ya le dije que no. Mi mamá no tiene nada. Don Aurelio aventó una carpeta sobre el escritorio. Entonces, explícame esto. Ramiro abrió la carpeta, leyó. Su cara palideció. Esto, esto no puede ser. Tu mamá es la dueña legal del terreno donde está mi bodega, el terreno que vale más que todo lo demás junto. Ramiro negó con la cabeza. Mi mamá no sabe nada de esto. Es una mujer humilde, apenas sabe leer. Pues esa mujer humilde tiene el poder de quitarme todo.

Don Aurelio se acercó a Ramiro, lo miró desde arriba y tú la tiraste en una casa vieja como si fuera basura. Ramiro no pudo responder. Arregla esto, dijo don Aurelio. Consigue esos papeles o estás fuera, don Aurelio. Yo fuera de mi oficina. Ramiro salió temblando. Mariana lo esperaba afuera. ¿Qué pasó? ¿Por qué gritaba mi papá? Ramiro la miró. No sabía cómo explicarlo. Mi mamá tiene algo que tu papá necesita. Tu mamá, la señora que dejaste en esa casa horrible.

Ramiro asintió. Mariana lo miró con desprecio. Pues ve y arréglo. No voy a perder todo por tu culpa. Ramiro se quedó solo en el pasillo. Por primera vez entendió lo que había hecho. Había abandonado a la persona que tenía el poder de destruirlo todo. Ramiro manejó hasta la casa vieja. El camino de tierra le pareció más largo que antes. El sol se estaba poniendo. Estacionó el carro, miró la casa. El pasto seguía alto, pero alguien había limpiado la entrada.

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