HISTORIA REAL: ÉL ME AGARRÓ POR DETRÁS Y YO LE DIJE POR DETRÁS NO… ¡MIRA LO QUE PASÓ!

“Mamá”, me dijo entre soyosos, “pero ustedes parecían estar bien. ” ¿Cómo es posible, hija? A veces las apariencias engañan. Tu papá y yo hemos estado distantes durante años y ahora las cosas se pusieron muy difíciles, pero no pueden arreglarlo por nosotros, por la familia. Paloma. Amor, si yo me quedo en una relación donde no me respetan, ¿qué ejemplo les estoy dando a ustedes? ¿Qué les estoy enseñando sobre lo que debe aguantar una mujer? Pero mamá, la familia es lo más importante.

Precisamente por eso, hija, porque la familia es importante. No puedo permitir que vean a su mamá siendo maltratada. Ambos me prometieron que vendrían a visitarme pronto para hablar más en persona. Aunque estaban confundidos y dolidos, pude sentir que en el fondo me apoyaban. Después llamé a mi hermana Rosa, que vivía en Morelia, para preguntarle si podía quedarme con ella unas semanas mientras decidía qué hacer. Rosa, que siempre había sido más rebelde que yo, me dijo sin dudarlo, “Carmen, ya era hora.

Ese hombre te tenía como sirvienta hace años. Ven acá cuando quieras. Aquí tienes tu casa. El proceso de separación fue más difícil de lo que esperaba. Roberto pasó por todas las etapas. Negación. Esto es una locura temporal. Se te va a pasar. Enojo. Eres una malagradecida después de todo lo que he trabajado por ti. Negociación. Bueno, tal vez sí podamos ir a terapia, más enojo. Te vas a arrepentir, no vas a encontrar quién te mantenga. Y una mezcla extraña de tristeza y alivio.

Hubo momentos en que pensé que iba a volverse violento físicamente. Una noche llegó a casa después de haber estado bebiendo y empezó a gritarme que era una loca, que estaba destruyendo la familia por puras tonterías. “Te estás volviendo loca, Carmen”, me gritó. “Nadie se va a separar por algo así.” Roberto, “noy loca, estoy defendiendo mi dignidad. Pero creo que en el fondo sabía que estaba mal lo que había hecho. Una noche, cuando ya habíamos decidido oficialmente que nos íbamos a separar, se sentó en la sala y lloró.

Era la primera vez que lo veía llorar desde el día que nació Miguel Ángel. Carmen me dijo, prometo que va a ser diferente. Nunca más voy a hacer eso. Roberto, ya es muy tarde, le respondí con tristeza, porque de verdad me dolía ver a ese hombre que había amado durante tantos años en esa situación. El daño ya está hecho. Y lo peor es que tardaste tres veces en entender que cuando una mujer dice no es no. Tardaste 22 años en darte cuenta de que tu esposa merece respeto.

Pero Carmen, podemos empezar de nuevo. No, Roberto, yo ya no puedo confiar en ti. Cada vez que me toques voy a recordar esas noches. Cada vez que me digas que me amas, voy a recordar cómo ignoraste mis lágrimas. No se puede construir una relación sobre esa base. La noticia de nuestra separación se extendió por el barrio como pólvora. En Guadalajara, en 1998, una mujer de 45 años que dejaba a su marido después de 22 años de matrimonio era un escándalo mayúsculo.

Las versiones fueron variando y multiplicándose como en el juego del teléfono descompuesto, que si yo me había vuelto loca, que si tenía otro hombre, que si estaba pasando por la menopausia y por eso estaba tan alterada que si Roberto me había pegado, que si había otra mujer de por medio. Las señoras de la iglesia fueron las más crueles con sus comentarios. Doña Esperanza, que había sido mi amiga por años, me abordó después de la misa del domingo.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.