Luego la minimización del problema. Estás haciendo una tormenta en un vaso de agua. Y finalmente las amenazas veladas. Los hijos van a estar muy decepcionados. contigo. ¿Qué va a decir la gente cuando sepan que dejaste a tu marido por eso? Una mujer de tu edad, ¿a dónde crees que vas a ir? Pero yo ya había tomado mi decisión y nada de lo que dijera me iba a hacer cambiar de opinión. Los hijos van a entender que su mamá merece respeto le dije con firmeza.
La gente puede pensar lo que quiera. Yo no vivo para darle gusto a los vecinos y a mi edad. Puedo ir a donde se me dé la gana porque soy una mujer libre y tengo derecho a vivir con dignidad. Le di un ultimátum claro. O iba a terapia conmigo para aprender a tratarme con respeto, para entender que en una relación de pareja los dos tienen que estar de acuerdo o nos separábamos. Roberto, le dije mirándolo a los ojos, si de verdad me amas, si de verdad quieres salvar este matrimonio, vamos juntos con un psicólogo que nos ayude a comunicarnos mejor.
Roberto, orgulloso como era, se negó rotundamente. No estoy loco para ir a que un desconocido me diga cómo tratar a mi esposa, me dijo con desprecio. Eso es cosa de ricos que no tienen problemas reales. Entonces, ya no soy tu esposa, le respondí con una tranquilidad que me sorprendió a mí misma. Esa misma tarde empecé a hacer las llamadas necesarias primero a mis hijos para explicarles la situación sin entrar en detalles demasiado íntimos, pero siendo honesta sobre el problema fundamental.
Fue la conversación más difícil de mi vida. Hijo, le dije a Miguel Ángel cuando contestó el teléfono, necesito platicar contigo sobre algo muy serio. ¿Qué pasa, mamá? ¿Estás bien? Su voz se escuchaba preocupada. “Tu papá y yo nos vamos a separar”, le dije sin rodeos. El silencio del otro lado de la línea duró una eternidad. ¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué pasó, hijo? Tu papá y yo ya no nos entendemos. Hemos tenido problemas serios de respeto y ya no podemos seguir juntos.
Pero mamá, ustedes llevan 22 años casados, no pueden arreglarlo. Ya lo intenté, Miguel Ángel. Le pedí que fuéramos a terapia, que conversáramos, que encontráramos una solución, pero él no quiere cambiar. Miguel Ángel me hizo 1000 preguntas tratando de entender, tratando de encontrar una solución. Es por otra mujer, mamá. No, hijo. Es porque tu papá no me respeta como mujer, como persona. ¿Te pegó? No me pega, pero hay otras formas de lastimar a una persona. Mamá, yo no entiendo.
¿No pueden intentarlo una vez más, hijo? Le dije con toda la paciencia del mundo, cuando una mujer dice no a algo, tiene que ser respetada. Y tu papá no me respeta cuando le digo que no. Eso no está bien en ninguna relación. Fue difícil explicarle sin entrar en detalles que lo hubieran traumatizado, pero Miguel Ángel es inteligente y entendió que había algo serio detrás de mis palabras. La conversación con Paloma fue aún más emotiva. Mi niña, que estaba embarazada de dos meses, lloró mucho.
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