2. Angela
Estaba tranquila. No de esa clase de tranquilidad que oculta malicia, sino tranquila como el viento vespertino antes de la lluvia. Tranquila. Tímida. Con una mirada dulce que reflejaba una extraña mezcla de cansancio y firmeza.
Tenía veintinueve años. No hacía preguntas innecesarias. No miraba a su alrededor. No tocaba los muebles caros, como hacían los demás. Simplemente entró, miró a los tres chicos en las sillas y dijo:
"Hola. Soy Angela".
No había compasión en su voz. Y quizás eso fue lo que más hirió a Andrew.
Bajó la vista hacia los papeles.
"¿Conoces los protocolos?"
"Sí".
"Nada de actuaciones amateur".
"Lo entiendo".
"Nada de canciones. Nada de hablar del futuro. Nada..."
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