Estaba furioso.
Quería despedirla.
Quería despedirla antes de que su bondad destruyera su refugio de desesperación cuidadosamente construido.
Pero cada noche volvía a encender las cámaras.
Observaba a Angela mover sus piernas paralizadas, sujetando la cámara con firmeza.
Cabezas mordidas.
Con qué cuidado alisa sus mantas.
Cómo les acaricia el pelo.
Cómo los mira a los ojos vacíos, como si viera un mundo inmenso en ellos.
Y eso lo destrozó.
4. Las primeras grietas
Phillip fue el primero en cambiar.
Un ligero movimiento en la comisura de sus labios.
¿Una sonrisa? ¿O un espasmo? Andrew no lo sabía.
Luego Eric. Sus dedos temblaban mientras Angela tocaba la melodía.
Un sonido claro y un movimiento apenas perceptible.
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