Instaló cámaras para captar...

El roce lejano de la criada.

Y el sonido hueco de las ruedas de las sillas infantiles.

Pero en algún momento, el silencio cambió.

Se volvió... inquietante.

Andrew abrió la aplicación de la cámara, con la intención de ver cómo estaba Angela.

Lo que vio le dejó sin aire.

Tres sillas vacías.

Simplemente allí de pie. Vacías.

"No...", susurró.

El pánico lo golpeó como un rayo.

Se levantó de un salto.

El teléfono se le cayó de las manos y se hizo añicos. Su corazón late con fuerza.

Respira con dificultad.

Enciende la cámara en la otra habitación.

Y ve.

Primero, Angela.

Arrodillada.

Con el pelo despeinado.

Sus ojos se llenaron de algo tan vivo que se le hizo un nudo en la garganta.

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