La continuación de la historia

Cuando se abrió la puerta de entrada, Marta fue la primera en levantarse de un salto. Thomas entró apresurado, con el rostro tenso, y dejó caer el bolso en el suelo.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó, evitando mirarme.

—¡Díselo! —estalló Marta. —¡Dile que el piso es tuyo! ¡Que no estoy loca!

Thomas tragó saliva. Por fin me miró y luego bajó la vista.

—Mamá… tenemos que hablar.

—¡Habla! —casi gritó ella.

—El piso… no es mío —dijo en voz baja. —Es de Sophie. Lo compraron sus padres. Yo… no aporté nada.

Las palabras cayeron pesadas, como piedras. Marta se quedó paralizada, con la boca entreabierta.

—¿Qué tonterías estás diciendo? —susurró. —Tú me dijiste que…

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