La continuación de la historia

—Sé lo que te dije —la interrumpió. —Te mentí.

—¿Mentiste?! —su voz se elevó de repente. —¿Durante años?

—Sí.

Se hizo un silencio opresivo. Marta se dejó caer lentamente en la silla, como si las piernas ya no la sostuvieran.

—Entonces… ¿qué hago yo aquí? —murmuró.

—Eres una invitada —dije yo. —Pero después de lo que hiciste hoy, no creo que debas quedarte.

Me miró con odio y luego dirigió la mirada a su hijo.

—¿Por ella me echas?

—Por la verdad —respondió Thomas. —Y porque te equivocaste.

Se levantó de golpe, agarró su abrigo y su bolso.

—No me vuelvas a buscar —le dijo. —Ya hiciste tu elección.

La puerta se cerró de un portazo. En el piso quedó un vacío extraño, casi doloroso.

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