La continuación de la historia
No contesté. Puse agua a hervir y me moví con calma, deliberadamente despacio. Laura se sentó en el sofá y miró alrededor, como si evaluara qué más podía sacar de allí.
—Los niños ya están inscritos en el programa. ¿Cómo que «el pago no pasó»? ¿Sabes lo humillante que es eso?
—Lo sé —dije—. Exactamente eso lo sé.
Se levantó de golpe.
—¿Te estás vengando de los niños por una frase dicha en un momento de rabia?
Sonreí. No con ironía. Con cansancio.
—No, Laura. Dejé de pagar por una vida que no es la mía.
Se quedó en silencio. Por primera vez parecía insegura.
—Pero… siempre ha sido así. Tú te ocupas. Tú lo arreglas todo.
—Exacto —dije—. Así era. Y ya no lo es.
Se fue sin despedirse. Por la tarde vino Mark. Sin drama. Sin reproches. Solo cálculo.
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