La continuación de la historia

— Está bien. Iré a terapia. Hablaré con mamá. Le diré que no se meta más. Lo intentaré, Elena. De verdad. Pero no esperes que cambie de la noche a la mañana.

Por primera vez en años, sus palabras no sonaron a excusa, sino a admisión.

Elena respiró profundamente.

— No quiero que seas otro hombre. Quiero al hombre que elegí. Sin la sombra de Margarita entre nosotros.

Tomás dudó un instante y luego extendió la mano hacia ella. Un gesto vacilante, como un puente aún sin construir.

Elena la contempló unos segundos, luego puso su mano sobre la suya.

El contacto fue frágil, temeroso, como un primer paso sobre un terreno desconocido.

— Entonces… intentémoslo — dijo él en voz baja.

— Intentémoslo — repitió Elena, con una calma nueva y una determinación firme, la de una mujer que por fin conoce sus propios límites y no permitirá que se vuelvan a cruzar.

En la cocina, el reloj marcaba los segundos con una regularidad inquietante, como si anunciara un comienzo… o un final aún por definir. Pero por primera vez en mucho tiempo, estaban sentados del mismo lado de la mesa.

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