La continuación de la historia

La libertad que tanto queríais os pertenece.

Pero sin mí.

Anna.»

Cerré la puerta detrás de mí y bajé las escaleras sin volver la vista.

Afuera me recibió el aire fresco de la mañana. Me detuve. Respiré hondo.

Por primera vez en mucho tiempo, sentí que de verdad respiraba.

No sabía adónde iría. No sabía qué me esperaba.

Pero sabía una cosa:

Por fin comenzaba a vivir.

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