Marianne abrió la boca para responder, pero ninguna palabra salió. Entre ambas se instaló un silencio pesado, sofocante. Las dos conocían la pérdida, pero cada una estaba convencida de que la suya era más legítima.
— Yo… yo solo quiero lo que es justo —susurró Marianne. Pero su idea de justicia estaba levantada sobre miedo, ira y un deseo ansioso de poseer.
