La continuación de la historia

Marianne retrocedió un paso, sorprendida. Era la primera vez en tres años que no veía en Emma a una intrusa, sino a alguien tan herido como ella, aunque en silencio.

El notario avanzó hacia la puerta.

— Redactaré un informe de la conversación. Si desean mediación, puedo organizarla. Si no, será un juez quien determine. Pero les aconsejo tratar de evitar un juicio. Es largo. Costoso. Y no menos doloroso.

— Como la vida, murmuró Emma.

Cuando el notario salió, Marianne quedó en el umbral, aún aferrando el testamento como si fuera un arma que acabara de perder su filo.

— Tú… ¿de verdad no te vas a ir? —preguntó, sin rastro de hostilidad.

— No —respondió Emma con suavidad—. Este es mi hogar. El mío y el de Lukas. Y tengo derecho a quedarme hasta que exista una resolución.

Marianne cerró los ojos unos segundos. Una lágrima solitaria rodó por su mejilla —la primera que Emma veía desde la muerte de Lukas.

— Quizá… quizá a Lukas le habría gustado que habláramos de otra manera —susurró—. Quizá las dos lo amábamos demasiado… pero de formas diferentes.

Emma dio dos pasos hacia ella, lentamente. No para abrazarla —todavía era demasiado pronto— sino para que no se desmoronara sola.

— Yo también lo creo. Nunca te pedí que me quisieras. Solo que no me expulsaras.

Marianne levantó la mirada. Por primera vez, no había furia en ella, sino una vulnerabilidad cruda.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.