La continuación de la historia

— ¿Y… cómo va con esa chica? —preguntó Emma sin cambiar el tono.

Olivia soltó un suspiro tan profundo que parecía que expulsaba de golpe todas sus cargas.

— Mal. Luca sigue sin trabajar. Dice que busca algo, pero yo no lo veo buscar nada. La chica… vive también en mi casa, pero no ayuda en nada. Más bien estorba.

Emma asintió apenas.

— Y aun así los acogiste.

— Pensé que le hacía un favor —murmuró Olivia—. Siempre creí que Luca cambiaría algún día, que se convertiría en ese hombre responsable que yo imaginaba. Pero… tal vez nunca lo fue, ¿verdad?

Emma giró la cabeza hacia ella.

— Luca es… Luca. Yo solo cometí el error de intentar cambiarlo demasiado tiempo.

Olivia negó con la cabeza.

— No, Emma. El error fue mío. Te presioné, te juzgué, te hice creer que tú eras el problema. Y Luca… ni sabía querer ni sabía respetar. Tú te fuiste. Yo me quedé con él… y solo ahora lo veo con claridad.

El coche se deslizaba silencioso por las calles mojadas. Olivia se secó los ojos con la manga sin mucho disimulo, aunque Emma lo notó. No dijo nada; a veces el silencio era la forma más honesta de compasión.

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