La continuación de la historia

— Emma… ¿de verdad quisiste a Luca? —preguntó de pronto.

— Sí —respondió Emma sin dudar—. Lo quise. Mucho. Y justamente por eso me fui. Mi amor se convirtió en sacrificio constante, y él… él no devolvía nada.

— ¿Y ahora?

Emma sonrió suavemente, con la serenidad de alguien que ha encontrado su equilibrio.

— Ahora me quiero a mí misma. Y eso es suficiente.

Olivia dejó escapar un suspiro distinto —más leve, más resignado, casi aliviado.

— Ojalá yo pudiera hacer lo mismo. Vivir para mí, no para el Luca que quiero imaginar.

— Puedes hacerlo —respondió Emma—. Pero tienes que desearlo de verdad.

Cuando llegaron a la calle Rosewood, las luces de los edificios se reflejaban en los charcos. El edificio lucía igual que Emma lo recordaba. Los mismos escalones, la misma puerta desconchada. Olivia lo miró largo rato, como si lo viera por primera vez.

— Emma… gracias por traerme. Y… por todo lo demás.

Emma inclinó la cabeza apenas.

— Cuídese, Olivia.

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