Se levantaron y caminaron unos pasos hacia un rincón más tranquilo del salón. Santiago parecía incómodo fuera de su papel habitual. Confesó que durante años había creído estar haciendo lo correcto, que había seguido el camino que todos validaban. Habló de responsabilidades de apellido, de continuidad, pero sus palabras perdían fuerza a medida que avanzaba como si el mismo empezara a notar sus vacíos. No digo que haya sido infeliz”, añadió, “pero tampoco pleno”. Bajó la mirada un instante. “Creo que confundí muchas cosas”. Clara lo escuchó sin interrumpir.
Ya no necesitaba defenderse ni justificarse. Cuando habló, lo hizo con una tranquilidad que solo da la aceptación. Yo también me confundí”, dijo. Creí que mi vida había terminado porque no encajaba en una expectativa. Tardé años en entender que no era yo quien estaba incompleta, sino la idea que otros tenían de mí. Santiago respiró hondo. Por primera vez sintió el peso real de la decisión que había tomado 20 años atrás. No era culpa lo que lo atravesaba, sino una lucidez incómoda.
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