Era la misma sonrisa que una vez me dedicó.
Pero ahora, más suave. Real. Sin dolor.
Y entonces me di cuenta:
Me había olvidado.
Me soltó.
Me quedé clavada en el sitio mientras intercambiaban votos.
Los invitados rieron y aplaudieron.
Y yo estaba sin aliento.
Cuando empezó la música, me fui.
Sin decir una palabra, sin mirar.
Nadie se dio cuenta.
Nadie se dio la vuelta.
Y por primera vez en mi vida, comprendí lo que significaba
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