La “hija fea” fue enviada al jeque como burla… pero terminó CONQUISTANDO su corazón y cambiando su destino para siempre…

Entonces él sugirió algo atrevido, enseñarle a Zara a andar en camello. Ella miró la altura considerable del animal y después a él que sonreía expectante. ¿Estás bromeando? Apenas puedo caminar en línea recta. Él se rió, esa carcajada libre que solo salía cuando estaba completamente relajado. Confía en mí. Y ella confiaba. El primer intento fue desastroso. El camello la miró con lo que solo podía ser desde animal. El segundo intento no fue mejor. Terminó en la arena con el trasero adolorido y arena en lugares donde no debería haber arena.

En el tercer intento consiguió el equilibrio y cuando el camello dio los primeros pasos bamboleantes, ella gritó de alegría pura. Idr caminaba junto al animal, una mano en las riendas y la otra lista para atraparla si caía, sonriendo como no sonreía en años. Más tarde, cerca de la fogata que crepitaba enviando chispas hacia las estrellas, Idris tomó su mano observando los dedos entrelazados como si fueran la cosa más fascinante del mundo. “Mi abuelo decía que el desierto no miente”, dijo en voz baja.

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