El ala este quedó dañada, paredes ennegrecidas como carbón y parte del techo colapsado exponiendo vigas quemadas. Pero el resto del palacio permaneció intacto gracias a las paredes de piedra gruesas construidas siglos atrás para resistir el tiempo y los elementos. Las investigaciones preliminares de Tarik apuntaron a falla eléctrica deliberada, sabotaje. Alguien había manipulado el cableado antiguo sabiendo exactamente dónde golpear para causar máximo daño. Pero esa investigación podía esperar. Los días siguientes fueron extraños. Sara descansaba en su habitación, recuperándose del humo que había inhalado.
Tenía tos persistente que la despertaba por las noches y una pequeña cicatriz en su brazo izquierdo, donde una chispa la había alcanzado. Idris prácticamente vivía en su habitación trayéndole té con miel, leyéndole en voz alta cuando la tos no la dejaba dormir, simplemente estando allí. Una noche, mientras ella tosía en la oscuridad, él se acercó y besó suavemente la cicatriz en su brazo. Es la marca de tu valentía, susurró. La llevarás siempre recordándote quién eres realmente. Sara sintió lágrimas calientes en sus mejillas, pero entonces llegaron noticias que romperían esa burbuja de paz.
Su familia había llegado y traían a Yasmín. La llegada fue exactamente lo que Sara temía. Convocada por Jafsa. Tan pronto como las noticias del incendio y el heroísmo de Zahra llegaron a los medios internacionales, Yasmín había vuelto. El romance argentino aparentemente olvidado, reemplazado por ambición renovada, venía decidida a corregir el rumbo de la familia, palabras que repitió a quien quisiera escucharlas en el vestíbulo del palacio. se comportaba como si fuera dignataria de importancia, haciendo comentarios innecesarios sobre la decoración, la respuesta al incendio, actuando como si el heroísmo de Sara fuera de alguna manera logro familiar colectivo.
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