La “hija fea” fue enviada al jeque como burla… pero terminó CONQUISTANDO su corazón y cambiando su destino para siempre…

Me dieron un ultimátum. Comenzó con voz que resonaba en las paredes de piedra, que eligiera esposa o enfrentara consecuencias. Como si el amor pudiera ser legislado, como si el corazón respondiera a plazos administrativos. Caminó lentamente, sus pasos resonando. Pero tienen razón en algo. El reino necesita estabilidad, necesita una sheika, así que vengo a cumplir con su demanda. Abdul asintió con satisfacción. Yasmín se enderezó preparándose para su momento de gloria. Entonces Idris caminó directamente hacia Sara, se arrodilló frente a ella.

El salón explotó en murmullos de shock. Yasmín perdió su sonrisa. Jafsa palideció. Abdul se inclinó hacia delante con ojos enormes. Idris sacó una caja de terciopelo azul oscuro. Sara dijo con voz clara que todos podían escuchar. No eras lo que esperaba, eras lo que necesitaba. Eres la respuesta a preguntas que ni siquiera sabía que tenía. Eres hogar en forma humana. Abrió la caja revelando un anillo con diamante central rodeado de zafiros del azul exacto del cielo del desierto al atardecer, engastado en oro, que capturaba la luz matutina como si tuviera fuego interno.

¿Te casas conmigo? No con el título, no con el palacio, conmigo solo Idris. ¿Me aceptas ante todos estos testigos? El silencio fue absoluto. Sara miró esos ojos de ámbar brillantes con emoción. Miró el anillo que temblaba ligeramente en sus manos. Miró a Jafsa, cuya expresión de horror era casi cómica. Miró a Yasmín, que parecía estatua de sal, y entonces sonrió. No la sonrisa tímida y encogida que había usado toda su vida, sino una sonrisa radiante que venía desde el fondo de su alma finalmente liberada.

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