“Estás hermosa”, susurró con voz quebrada. “Siempre lo estuviste.” “Gracias por verme”, respondió ella, voz igualmente emocionada. Abdul los bendijo con palabras antiguas, hablando en árabe e inglés para que todos comprendieran. El matrimonio no es fusión de dos perfecciones, dijo con voz que arrastraba sabiduría de ocho décadas. Es unión de dos imperfecciones hermosas eligiendo crecer juntas. Es compromiso de verse realmente, incluso cuando es difícil. Es sociedad de almas que se reconocen. Miró a Sara, después a Idris. Estos dos jóvenes nos enseñan algo que este viejo había olvidado, que amor verdadero no requiere perfección, requiere verdad.
Y qué bendición es presenciar amor tan verdadero. Llegó el momento de los votos. Idris habló primero, su voz resonando clara en el silencio perfecto del desierto. Sara, prometo verte siempre, realmente verte. No la versión que otros proyectan, no la versión que expectativas crean, sino tú en tu verdad completa. Su voz se quebró ligeramente, pero continuó. Cuando intenten borrarte o minimizarte, serás para mí la presencia más importante en cualquier salón. Prometo apoyarte cuando estés fuerte y sostenerte cuando estés débil.
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