Prometo desafiarte cuando sea necesario y celebrarte siempre. Prometo amarte sin condiciones todos los días de mi vida. Lágrimas caían por las mejillas de Sara, brillando como diamantes en la luz dorada. Entonces fue su turno. Idris, me enseñaste que merecía ser valorizada, que no necesito hacerme pequeña para caber en expectativas ajenas, que coraje a veces no es luchar, sino quedarse, elegir amor cuando sería más fácil huir. Respiró profundo, mirándolo directamente a esos ojos de Ámbar, que la habían cambiado todo.
Prometo ser compañera, no sombra. Prometo estar a tu lado, no detrás ni delante. Prometo desafiarte con respeto y apoyarte con fiereza. Prometo elegirte cada día, cada momento, hasta que las dunas desaparezcan y las estrellas se apaguen. Su voz se fortaleció al final. Para siempre. Esta es mi promesa ante todos estos testigos. Abdul levantó las manos con solemnidad teatral, que el momento merecía. Ante Alá, ante estos testigos reunidos ante el cielo y la tierra, los declaro marido y mujer.
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