La “hija fea” fue enviada al jeque como burla… pero terminó CONQUISTANDO su corazón y cambiando su destino para siempre…

Hubo obstáculos a lo largo de los años, por supuesto. No todo fue cuento de hadas perfecto. La vida real nunca lo es. Facciones conservadoras que resistían cada reforma, argumentando que tradición era sagrada e inmutable. crisis económicas que requirieron decisiones difíciles que dejaban a todos insatisfechos. Momentos de duda personal cuando Sara se preguntaba si estaba haciendo suficiente, siendo suficiente. Noches donde Idris trabajaba hasta amanecer con problemas de estado que no podían resolverse fácilmente. Días donde Sara se sentía abrumada por expectativas de ser Sheik perfecta para pueblo que la adoraba.

Pero enfrentaron cada desafío como habían prometido en votos de matrimonio. Juntos. Su amor no terminó en boda como cuentos simplificados sugieren que finales felices funcionan. Creció, se profundizó, se transformó. Se volvió historia contada por generaciones en mercados bulliciosos y salones elegantes de palacio por igual. La historia de la hija menospreciada, enviada como humillación cruel, que resultó ser exactamente lo que el jeque y el reino siempre necesitaron sin saberlo. Para ellos no era leyenda romántica distante, era vida real, con imperfecciones que dejaban moretones y momentos de frustración que causaban lágrimas, pero también con instantes de perfección genuina que hacían que cada dificultad valiera completamente la pena.

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