10 años después del casamiento, el aniversario celebrado privadamente lejos de ceremonias oficiales, se sentaron en mismo terrazo donde él había propuesto bajo estrellas idénticas. Nor dormía en palacio bajo cuidado amoroso de Salma. Por una noche rara y preciosa. Eran solo ellos dos nuevamente. Solo Idris y Sara. Como al principio, habían envejecido visiblemente en década. Canas plateaban el cabello de él en cienes y barba que ahora usaba. Líneas de risa marcaban permanentemente el rostro de ella alrededor de ojos y boca.
Sus manos tenían primeras señales de edad que eventualmente alcanza a todos, pero sus ojos brillaban con mismo amor del primer día, si acaso más profundo por todo lo compartido, por batallas peleadas juntos, por alegrías multiplicadas al compartirse, por vida construida ladrillo a ladrillo. Idris la miraba con intensidad, que todavía después de todos estos años la hacía sonrojar ligeramente. ¿Te arrepientes?, preguntó con sonrisa que indicaba que ya conocía perfectamente la respuesta, pero quería escucharla de todas formas. Sara rió ese sonido que él amaba más que cualquier música.
De tropezar en ese cojín, bromeó ojos brillando con diversión. Fue mi entrada más elegante, definitivamente mi mejor movimiento. Reron juntos, el sonido familiar y cómodo como manta favorita. Nunca, respondió con seriedad después, tomando su rostro entre manos que conocían cada línea de su piel. Ni un solo día, ni un solo momento. Me diste vida que no sabía que era posible. Me diste a mí misma, me diste todo. Él besó su frente con gesto tan familiar que era lenguaje propio desarrollado a través de años.
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