La “hija fea” fue enviada al jeque como burla… pero terminó CONQUISTANDO su corazón y cambiando su destino para siempre…

La puerta se abrió con fuerza controlada. Idris entró y la sala cambió completamente. Ya no parecía el jeque gentil que le ofrecía té y sonreía cuando tropezaba. Parecía un antiguo reyerever, el tipo de hombre que había construido imperios sobre dunas de arena. La autoridad emanaba de él como el calor del desierto. Tarik se inclinó respetuosamente, pero Idris lo silenció con solo una mirada. Se volvió hacia Sagra y ella temió ver decepción en esos ojos de Ámbar, pero vio algo diferente, determinación, no piedad, justicia.

Dejenos solos. ordenó con voz que no aceptaba objeciones. Cuando la puerta se cerró y quedaron a solas en el silencio pesado, él preguntó directo, sin rodeos. ¿Tomaste el brazalete? Sara sacudió la cabeza, las lágrimas finalmente cayendo calientes por sus mejillas. Nunca, lo juro por todo, no soy así. Ni siquiera sabía que existía. Idris estudió su rostro por un largo momento y entonces sonríó. No feliz, sino como quien entiende perfectamente una injusticia. “Lo sé”, dijo simplemente, “Siempre supe quién eres.” Se sentó a su lado, no frente a ella como interrogador, sino como aliado.

Explicó que ya había verificado las cámaras de seguridad con Tarik. Había un ángulo sin cobertura en su corredor, estratégicamente sin vigilancia, y Leila había sido vista caminando exactamente allí la noche anterior. Demasiado conveniente para ser coincidencia. Ya había ordenado una investigación completa. Le creía sin reservas, sin dudas, sin necesitar pruebas más allá de lo que veía en sus ojos. Era la primera vez en la vida que alguien le creía a Sara. sin que ella tuviera que demostrar su inocencia.

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