La “hija fea” fue enviada al jeque como burla… pero terminó CONQUISTANDO su corazón y cambiando su destino para siempre…

Y pensé, si este palacio puede ser gentil con ella, si este hombre puede verla de verdad, entonces tal vez el mundo está cambiando. Una lágrima rodó por su mejilla. Hoy no solo te casas, hoy demuestras que bondad gana sobre crueldad. Que autenticidad vence perfección falsa, que amor verdadero existe. Se abrazaron Sirvienta y Sheika, dos mujeres que habían encontrado familia en lugares inesperados. La preparación fue ceremonia en sí misma. Salma había reunido a empleadas del palacio que Sara había tratado con gentileza durante su estadía.

Todas querían ayudar, todas querían ser parte de este momento. La bañaron en agua perfumada con aceite de rosa. Le aplicaron gena en manos y pies con diseños tradicionales que contaban historias de amor y fuerza. Cada línea trazada con cuidado, cada patrón cargado de significado. El vestido era obra maestra, no el vestido recargado que Yasmín hubiera elegido. Era caftan de seda color marfil con bordados de oro que capturaban la luz como constelaciones, mangas fluidas, corte que honraba tradición, pero abrazaba su cuerpo real.

Velo de encaje delicado que Salma colocó con manos temblorosas. “Mírate”, susurró una de las empleadas jóvenes ojos enormes de admiración. Sarra se miró al espejo y por primera vez en su vida realmente le gustó lo que vio. No porque fuera perfecta según estándares de revista, sino porque era ella auténtica, real, feliz. Los lentes que Idris había mandado hacer para ella descansaban perfectamente en su nariz. La pequeña cicatriz en su brazo del incendio visible, insignia de honor. “Soy suficiente”, susurró a su reflejo.

“Siempre lo fuiste”, respondió Salma besando su frente como madre. Al atardecer, cuando la luz dorada convertía el desierto en oro fundido, los invitados comenzaron a reunirse. Un pabellón había sido construido entre las dunas al borde del palacio, de las blancas y doradas, ondeando al viento cálido como velas de barco celestial, creando ilusión de estructura flotando entre tierra y cielo. invitados sentados en semicírculo sobre alfombras persas antiguas bajo dosel de cielo que comenzaba a cambiar de azul intenso a tonos de melocotón y rosa.

Los niños rescatados entraron primero. Ahmed, Amira y los otros tres caminaban con orgullo evidente y concentración adorable en sus rostros pequeños. Vestidos con ropas tradicionales nuevas, esparcían pétalos de rosa que el viento llevaba en remolinos dorados. Cuando pasaron frente a Idris, que esperaba al frente, cada uno le hizo reverencia pequeña que él devolvió con seriedad absoluta. Amira, la más pequeña, dejó caer todo su canasto de pétalos de una vez y todos rieron con ternura cuando corrió a recogerlos.

ayudada por Abdul, quien dejó su posición ceremonial para asistirla. Entonces llegó el momento. La música tradicional comenzó. Instrumentos de cuerda antiquísimos tocados por músicos que habían aprendido de sus abuelos que aprendieron de los suyos. Melodías que habían acompañado bodas vereveres durante 1000 años. Sara apareció en la entrada del pabellón. El murmullo de admiración fue instantáneo y audible. Caminó sola por el pasillo de arena y pétalos que había dejado los niños. Nadie la entregaría como propiedad cambiando de manos.

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