La invitó a su baby shower para humillar a su ex sin hijos, pero ella apareció en un Lamborghini con cuatro hijos y un esposo que la adoraba, dejando a todos en silencio y demostrando que el karma llega a lo grande

La “familia real” que quería restregarle a Elena estaba allí, sí, pero no era la suya. La verdadera familia, la que se basaba en el apoyo mutuo y el amor incondicional, era la que acababa de llegar en ese Lamborghini.

El sol comenzaba a bajar, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y púrpuras, pero la atmósfera festiva se había disipado hacía rato para Mark. La presencia de Elena había actuado como un espejo de alta definición, reflejando todas las grietas de su propia vida que él se había empeñado en ignorar.

Elena y su familia no se quedaron mucho tiempo. Habían venido, habían entregado su regalo, y habían mostrado una clase y educación que Mark no merecía. Cuando decidieron marcharse, fue como si el oxígeno volviera a la habitación, pero dejaba un sabor rancio.
—Fue un placer conocerte, Sarah —dijo Elena, despidiéndose—. Cuídate mucho.

Mark intentó un último movimiento, un último intento desesperado de recuperar su dignidad herida mientras los acompañaba a la salida, lejos de los oídos de los demás invitados. —Supongo que tuviste suerte con el dinero, Elena —masculló Mark en voz baja—. Al menos te fue bien en eso.

Elena se detuvo justo antes de subir al coche. Se giró lentamente, quitándose las gafas de sol para mirarlo directamente a los ojos. Su mirada era de una calma gélida. —El dinero es agradable, Mark, no voy a mentir. Pero mi mayor fortuna fue el día que firmaste los papeles del divorcio. Gracias por dejarme ir. Si no lo hubieras hecho, nunca habría encontrado a un hombre que me enseñara que el amor no duele y que una familia no se construye sobre exigencias, sino sobre equipo.

Julián ya había asegurado a los niños en los asientos traseros. Rodeó el coche, le abrió la puerta a su esposa y le dio un beso en la frente antes de que ella subiera. Antes de entrar al asiento del conductor, Julián miró a Mark una última vez y asintió levemente, un gesto que decía “gané”, sin necesidad de pronunciar una sola palabra.

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