—Papá —Sofía dijo.
—¿Sí, princesa?
—Vas a casarte otra vez.
—No lo sé. ¿Te molestaría?
—Solo si es alguien bueno.
—Ese es el único tipo que consideraría.
Y Sofía aprendió que su padre siempre la protegería, siempre le creería y siempre elegiría su felicidad, porque eso hacen los padres verdaderos. La rabia de esa noche se había transformado en un amor inquebrantable, y el dolor se había convertido en su poder compartido.
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