La nueva secretaria se quedó paralizada al ver su foto de infancia en la oficina de su jefe…

“Me fuiste a buscar a mi casa, ¿verdad?”, susurró Carmen. Verónica apareció preguntando por documentos antiguos. Tuve que inventar una emergencia para escaparme. Tus documentos pueden salvarnos, Carmen. Gracias. La veterana secretaria sonrió con picardía. 30 años trabajando aquí, mi hijita. He visto todo lo que esa mujer ha hecho. Ya era hora de que saliera a la luz. La relación entre Sofía y Fernando se volvió complicada. Formalmente seguían siendo jefe y empleada. Pero había momentos, breves instantes, en que se transparentaba algo más profundo, una mirada, una sonrisa vacilante, un gesto abortado a mitad de camino.

“Es extraño, ¿verdad?”, comentó Fernando una tarde mientras revisaban unos contratos. “Tenerte tan cerca después de tanto tiempo. 26 años”, respondió Sofía sin levantar la vista de los documentos. Fernando suspiró. No puedo recuperar ese tiempo, lo sé, pero quisiera conocerte, saber quién eres. Sofía finalmente lo miró. Había anhelado un padre toda su vida, pero ahora que lo tenía frente a ella, no sabía cómo actuar, qué sentir. No sé si estoy lista para eso, confesó con honestidad. Una parte de mí quiere odiarlo por no estar ahí cuando lo necesitábamos.

Otra parte entiende que usted no sabía. Estoy confundida. Es comprensible, asintió Fernando. Tomaremos el tiempo que necesites. Esa misma tarde, Sofía visitó a Isabel en el hospital. Su madre había mejorado ligeramente con el nuevo tratamiento, pero seguía débil. ¿Cómo lo tomó?, preguntó Isabel después de que Sofía le contara sobre la confrontación. Dice que nunca supo de mi existencia, respondió Sofía, que Verónica interceptó todas tus cartas. Isabel cerró los ojos asimilando la información. Siempre me pregunté, siempre tuve esa duda.

¿Le crees? Sofía necesitaba la opinión de su madre, la persona que mejor conocía a Fernando. Isabel reflexionó antes de responder. El Fernando que yo conocí no era un mal hombre, solo uno débil, ambicioso. Sí, pero no cruel. Hizo una pausa. Cuando nos separamos, él estaba construyendo su carrera. Lo era todo para él, lo suficiente para abandonar a su hija. No lo sé, mi hijita. El corazón humano es complicado. Isabel tomó la mano de su hija. Pero hay algo que necesito que entiendas.

Yo también tengo parte de culpa. ¿Tú? ¿Por qué? Porque nunca le dije que estaba embarazada, confesó Isabel. Tuve miedo, miedo de que me rechazara, de que me acusara de intentar atraparlo. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Debí decírselo a la cara, darle la oportunidad de elegir. Pero le escribiste después, meses después, cuando ya era tarde, cuando las posiciones estaban tomadas y los caminos separados. Isabel apretó su mano. No cometas mi error, Sofía. No dejes que el orgullo y el miedo te impidan conocer a tu padre.

Las palabras de su madre resonaron en Sofía durante días. Quizás tenía razón. Quizás debía darle una oportunidad a Fernando, pero cada vez que se decidía acercarse, algo la detenía. 26 años de ausencia no se borraban con buenas intenciones. Al tercer día de espera, Joaquín la interceptó en la cafetería del edificio. “¿Cómo estás llevando todo esto?”, preguntó con aparente preocupación. Sofía lo miró con desconfianza. ¿De verdad te importa o solo buscas información para Verónica? Joaquín pareció genuinamente herido.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.