Eso no prueba nada, excepto que tuviste una aventura. Contraataco. Esta mujer y su madre siguen siendo unas oportunistas que aparecieron de la nada para reclamar una fortuna que no les corresponde. No vinimos por dinero afirmó Sofía. Ni siquiera sabía quién era Fernando cuando solicité el trabajo. Fue una coincidencia. Mentirosa, espetó Verónica. Realmente esperan que crea semejante cuento Fernando extrajo entonces otro sobre de su maletín. Estos son los documentos que Carmen encontró en tus archivos personales, Verónica”, dijo extendiéndolos sobre la mesa.
Recibos de entregas firmados por ti. Cheques a nombre de un investigador privado para vigilar a Isabel y a una niña. Pagos a un tal Guillermo Soto para interceptar correspondencia dirigida a mí. Los socios se inclinaron para examinar los documentos. El rostro de Verónica se contrajo en una máscara de furia. No tienes derecho a revisar mis archivos. personales y tú no tenías derecho a ocultarme la existencia de mi hija”, respondió Fernando con firmeza. “Durante 26 años me robaste la oportunidad de ser padre, de verla crecer, de estar ahí cuando me necesitaba.
Lo hice para protegerte”, gritó Verónica, perdiendo por fin la compostura. Esa mujer habría destruido todo lo que construimos. Tú no construiste nada, Verónica. La voz de Fernando estaba cargada de un desprecio frío. Nuestro matrimonio siempre fue un acuerdo comercial. Lo único que realmente construí fue este bufete. Y sí, sacrifiqué mucho por él, incluyendo mi oportunidad de ser feliz con Isabel. se giró hacia los socios que observaban la escena con expresiones que iban desde el asombro hasta el disgusto.
Caballeros, lamento profundamente este espectáculo. Como pueden ver, mi vida personal ha sido complicada, pero quiero dejar algo muy claro. Sofía Méndez es mi hija legítima y a partir de hoy será reconocida como tal. Si esto presenta un problema para alguno de ustedes, estoy dispuesto a renunciar a mi posición en la firma. Un silencio pesado siguió a sus palabras. Finalmente, Eduardo Montiel, el socio más antiguo, se aclaró la garganta. Fernando, creo que hablo por todos cuando digo que tu vida personal es asunto tuyo.
Hizo una pausa significativa. Pero estos métodos cuestionables para ocultar información podrían comprometer la integridad de la firma. Verónica sonrió triunfante, creyendo que se referían a Fernando, pero la mirada de Montiel estaba fija en ella. Señora Arteaga, interceptar correspondencia es un delito federal. Contratar vigilancia privada sin consentimiento es como mínimo éticamente reprobable. Si estos documentos son auténticos, su conducta es indefendible. El color abandonó el rostro de Verónica. No pueden hablarme así. Mi familia financió el inicio de este bufete y se lo agradecemos”, respondió Montiel con frialdad.
Pero eso fue hace 30 años. Hoy la reputación de Arteaga en Asociados depende de su integridad, no de su historia. Verónica miró a los socios uno por uno buscando un aliado, pero solo encontró expresiones severas. “Esto no ha terminado”, declaró recogiendo sus cosas. Fernando, cuando llegues a casa hablaremos seriamente. No habrá más conversaciones, Verónica, respondió él con calma. Ya he contactado a mi abogado personal. Los papeles del divorcio estarán listos esta semana. La palabra divorcio pareció golpear a Verónica como un latigazo físico.
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