No son acusaciones sin fundamento, señora, respondió Soto, sorprendentemente firme para un hombre de su apariencia frágil. Tengo recibos firmados por usted, fechas, cantidades, instrucciones específicas. Uno de los abogados de Verónica susurró algo en su oído. Ella se sentó lentamente con el rostro tenso. Soto relató entonces, con voz quebrada por momentos, cómo había sido contratado para interceptar las cartas, cómo había leído algunas de ellas y cómo había guardado la última como prueba de su propia vergüenza. Esta carta dijo mostrándola.
Prueba que Isabel Méndez rechazó dinero ofrecido por la señora Arteaga para mantener el silencio. Demuestra que no buscaba extorsionar a nadie. Los periodistas fotografiaban frenéticamente los documentos que Soto mostraba. Verónica parecía haber envejecido años en minutos. Pero la prueba más contundente, intervino Sofía hablando por primera vez, “es esta.” Proyectó en la pantalla detrás de ella una serie de documentos. los resultados de la prueba de ADN, los recibos encontrados en los archivos personales de Verónica y finalmente una grabación.
Esta grabación fue realizada hace tres días por Carmen Vázquez, secretaria ejecutiva del bufete durante 30 años. El audio comenzó a reproducirse. Era la voz inconfundible de Verónica hablando por teléfono. Por supuesto que lo sabía desde el principio. Se escuchaba decir, “¿Crees que no me daría cuenta cuando esa sirvienta quedó embarazada? Intercepté cada carta, cada fotografía. Fernando nunca supo nada de esa mocosa. Y ahora que lo sabe, me aseguraré de que pierda todo antes de permitir que esa bastarda lleve el apellido Arteaga.” Un silencio sepulcral cayó sobre la sala.
Verónica se había quedado paralizada con el rostro desencajado por la sorpresa y la furia. La señora Vázquez instaló un dispositivo de grabación en la línea telefónica de la oficina tras recibir amenazas”, explicó Sofía. Perfectamente legal cuando existe sospecha de actividad ilícita dentro de una empresa. Verónica se puso de pie nuevamente, temblando de rabia. “Todo esto es una conspiración”, gritó. Grabaciones manipuladas, documentos falsificados. Mi familia fundó este bufete. Y así me lo agradeces, Fernando. Traicionándome por una aventura de hace 30 años.
Fernando la miró con una mezcla de lástima y determinación. No, Verónica, la traición fue tuya. Me robaste 26 años con mi hija. Años que nunca podré recuperar. Uno por uno. Los abogados de Verónica comenzaron a recoger sus documentos y a retirarse discretamente. La batalla estaba perdida. Esto no quedará así”, amenazó Verónica, abandonando toda pretensión de dignidad. Mi familia, tu familia ya ha sido informada de todo, intervino Eduardo Montiel levantándose entre el público. Como representante legal de Industrias Montero, puedo confirmar que tus padres y hermanos han decidido distanciarse de este asunto.
La evidencia es demasiado contundente. Verónica miró alrededor buscando aliados, pero solo encontró rostros hostiles o incómodos. Con un último gesto de desprecio, recogió su bolso y salió de la sala. Dejando tras de sí el eco de sus tacones sobre el mármol y 26 años de mentiras finalmente expuestas, la conferencia continuó durante otra hora. Fernando respondió preguntas con honestidad brutal, asumiendo su parte de responsabilidad en la historia. Sofía habló sobre su madre, sobre los sacrificios que había hecho, sobre cómo nunca les había faltado amor a pesar de las dificultades económicas.
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