La nueva secretaria se quedó paralizada al ver su foto de infancia en la oficina de su jefe…

Alguien quiere que parezca incompetente. Carmen miró a su alrededor antes de responder en voz baja. Doña Verónica ha estado visitando el despacho más seguido desde que llegaste y siempre pregunta por ti. ¿Por qué le importaría yo? Soy solo una secretaria. Carmen levantó una ceja. Solo una secretaria que en menos de un mes se ha ganado la confianza del licenciado Arteaga. Pocas personas logran eso, muchacha, y a doña Verónica no le gusta compartir lo que considera suyo. Esa misma tarde, mientras organizaba el archivero, Sofía sintió una presencia detrás de ella.

Se giró para encontrar a Fernando, observándola con expresión indescifrable. “Licenciado, no lo escuché entrar. Señorita Méndez, ¿ha notado algo inusual últimamente? La pregunta la tomó por sorpresa. Debía mencionarle los sabotajes. No entiendo a qué se refiere. Fernando se acercó bajando la voz, los documentos extraviados, las reuniones canceladas, los errores misteriosos. Sofía sintió alivio. Él lo había notado. Pensé que creería que era mi culpa. Llevo 30 años dirigiendo este bufete. Reconozco un sabotaje cuando lo veo. Hizo una pausa.

Y conozco a mi esposa. Un silencio cargado siguió a esas palabras. ¿Por qué me dice esto?, preguntó Sofía finalmente. Porque quiero que sepa que estoy al tanto respondió él, y que no la considero responsable. Sus ojos se encontraron durante un momento intenso. Había algo en la mirada de Fernando, una mezcla de protección y remordimiento que hizo que el corazón de Sofía se acelerara. Gracias por su confianza. Fernando asintió levemente antes de retirarse, dejando a Sofía con una confusa mezcla de emociones.

Era posible que este hombre, que las había abandonado, tuviera algo de decencia después de todo. Esa noche, al llegar a casa, encontró a su madre más pálida que de costumbre. ¿Qué pasa, mamá? ¿Te sientes mal? Isabel negó con la cabeza. Fui al hospital hoy. El doctor López dice que necesito comenzar el tratamiento cuanto antes. ¿Cuánto costará?, preguntó Sofía sentándose junto a ella. Más de lo que podemos pagar ahora. Isabel tomó las manos de su hija. Sofía, he estado pensando.

Quizás deberías hablar con Fernando, contarle quién eres. Sofía se tensó. ¿Para qué? ¿Para pedirle dinero? No, mamá, no le daré esa satisfacción. No se trata de satisfacciones, mi hijita, se trata de mi salud. Isabel suspiró. Además, hay algo que nunca te conté sobre las cartas. ¿Qué cartas? Las que le envié a Fernando después de que naciste. Isabel se levantó con dificultad y buscó en su caja de recuerdos. Mira el remitente y la dirección. Sofía examinó los sobres amarillentos.

Todos habían sido enviados a la oficina personal de Fernando, no a su casa. ¿Y eso qué significa? Significa que nunca supe si realmente las recibió, explicó Isabel. Siempre existió la posibilidad de que Verónica las interceptara, pero él aceptó el dinero para deshacerse de nosotras, argumentó Sofía, aunque una semilla de duda comenzaba a crecer en su mente. Él me dio el dinero para comenzar una nueva vida, sí, pero nunca dijo explícitamente que no quería saber más de nosotras.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.