Se miraron separados por 26 años de ausencia. Sofía pronunció su nombre como si fuera una palabra sagrada. mi hija. Y entonces, para sorpresa de ambos, Fernando la abrazó. Fue un abrazo torpe, inseguro, pero lleno de emoción contenida. Sofía se mantuvo rígida al principio, pero poco a poco el calor de aquel primer abrazo paterno comenzó a derretir el hielo que había construido alrededor de su corazón. El momento fue interrumpido bruscamente cuando la puerta se abrió de golpe. Verónica entró seguida de Joaquín.
Su expresión cambió de la furia a la incredulidad al verlos abrazados. “¿Qué demonios está pasando aquí?”, exigió. Fernando se separó lentamente de Sofía, pero mantuvo una mano protectora sobre su hombro. “Lo que está pasando, Verónica, es que finalmente conozco a mi hija”, declaró con voz firme. “La hija que me ocultaste durante 26 años.” Verónica palideció. “No seas ridículo. Esta mujer es una impostora igual que su madre. Tenemos pruebas”, intervino Sofía señalando los documentos sobre el escritorio. “Interceptaste todas las cartas de mi madre.
Contrataste a alguien para vigilarnos. Lo sabías todo.” Verónica miró los documentos con horror. Eso no prueba nada. intentó defenderse, pero su voz traicionaba su pánico. “Hay una manera muy simple de resolver esto”, dijo Fernando con una calma que contrastaba con la tensión del momento. “Una prueba de ADN.” Sofía asintió. Aunque una parte de ella se sentía herida por la sugerencia, “¿Acaso Fernando dudaba de su palabra?” “Estoy de acuerdo”, dijo mirándolo directamente a los ojos. “Quiero que todos conozcan la verdad, toda la verdad.” Verónica soltó una risa amarga.
Y mientras tanto, la dejarás quedarse aquí envenenándote contra mí. Fernando la miró con una frialdad que Sofía nunca había visto en él. Sofía se queda y tú, Verónica, deberías prepararte porque cuando tenga los resultados de esa prueba, tú y yo vamos a tener una conversación muy larga sobre los últimos 26 años de mentiras. Los días que siguieron transcurrieron en un extraño limbo. La noticia de que Sofía podría ser la hija de Fernando se extendió por el bufete como fuego en pastizal seco.
Las miradas curiosas y los cuchicheos seguían a Sofía por los pasillos, pero ella mantenía la cabeza alta, concentrándose únicamente en su trabajo. Fernando había programado las pruebas de ADN en un laboratorio de confianza. Los resultados tardarían una semana, 7 días interminables de espera y tensión. Mientras tanto, se estableció una frágil tregua. Verónica no volvió a aparecer por el despacho, pero su presencia se sentía como una sombra amenazante. Joaquín mantenía una distancia prudente, observando desde lejos, sin mostrar claramente de qué lado estaba, Carmen regresó al día siguiente, recibida por Sofía con un abrazo agradecido.
“Me fuiste a buscar a mi casa, ¿verdad?”, susurró Carmen. Verónica apareció preguntando por documentos antiguos. Tuve que inventar una emergencia para escaparme. Tus documentos pueden salvarnos, Carmen. Gracias. La veterana secretaria sonrió con picardía. 30 años trabajando aquí, mi hijita. He visto todo lo que esa mujer ha hecho. Ya era hora de que saliera a la luz. La relación entre Sofía y Fernando se volvió complicada. Formalmente seguían siendo jefe y empleada. Pero había momentos, breves instantes, en que se transparentaba algo más profundo, una mirada, una sonrisa vacilante, un gesto abortado a mitad de camino.
“Es extraño, ¿verdad?”, comentó Fernando una tarde mientras revisaban unos contratos. “Tenerte tan cerca después de tanto tiempo. 26 años”, respondió Sofía sin levantar la vista de los documentos. Fernando suspiró. No puedo recuperar ese tiempo, lo sé, pero quisiera conocerte, saber quién eres. Sofía finalmente lo miró. Había anhelado un padre toda su vida, pero ahora que lo tenía frente a ella, no sabía cómo actuar, qué sentir. No sé si estoy lista para eso, confesó con honestidad. Una parte de mí quiere odiarlo por no estar ahí cuando lo necesitábamos.
Otra parte entiende que usted no sabía. Estoy confundida. Es comprensible, asintió Fernando. Tomaremos el tiempo que necesites. Esa misma tarde, Sofía visitó a Isabel en el hospital. Su madre había mejorado ligeramente con el nuevo tratamiento, pero seguía débil. ¿Cómo lo tomó?, preguntó Isabel después de que Sofía le contara sobre la confrontación. Dice que nunca supo de mi existencia, respondió Sofía, que Verónica interceptó todas tus cartas. Isabel cerró los ojos asimilando la información. Siempre me pregunté, siempre tuve esa duda.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
