La pobre estudiante se casó con un hombre de 60 años. Y después de la boda, él le pidió algo en la cama que la dejó paralizada...

Pero esa noche, algo cambió en Anna. Una silenciosa determinación surgió del miedo. No podía quedarse. No se dejaría atrapar en una vida construida sobre la coerción.

Al amanecer, Anna se escabulló por las puertas de la mansión, con el corazón latiendo con fuerza, pero con paso firme. No tenía un plan. No sabía qué la aguardaba tras los altos muros de la finca. Pero por primera vez, su futuro le pertenecía.

Y con eso, Anna comenzó su viaje, no sólo para escapar, sino para redescubrir quién era realmente.

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