La sala de profesores olía a café fuerte y a cansancio.

Ella asintió, aferrando la sábana con los dedos hasta que se volvió blanca. Las lágrimas seguían cayendo sobre ella.

"Tengo... tengo que". Siento... necesito ver la verdad sobre él. Si es capaz de sentir siquiera una gota de amor verdadero, que lo demuestre. Si no... déjame averiguarlo ahora, mientras aún estoy vivo.

Igor Sergeyevich se dio la vuelta y miró por la ventana. Se oían pasos, las conversaciones tranquilas de las enfermeras y el llanto lejano de un niño en el pasillo. Recordó cómo ayer mismo había estado corriendo entre las habitaciones, salvando pacientes, y ahora... ahora tenía que participar en este extraño juego.

"De acuerdo", dijo finalmente con voz grave. "Pero tenemos que tener cuidado. No llamaré a tu marido y le diré que 'ha muerto'. Primero, tenemos que entender cómo quieres hacerlo".

Margarita exhaló, como si se hubiera quitado un peso invisible de encima.

"Quiero que venga aquí, a mi habitación, que lo vea con sus propios ojos... y lo sienta. Quiero que esto sea una verdadera prueba".

Igor asintió, sin levantar la vista. Sabía que el hombre en cuestión era un hombre poderoso y frío, acostumbrado al dinero, al control y a la gestión. Y comprendió que, para Margarita, este era un juego al límite.

Al día siguiente, Anton llegó. Entró en la habitación con su habitual paso tranquilo, con una mirada fría que parecía atravesarlo. Igor Sergeyevich lo recibió en el umbral y dijo brevemente:

"Está consciente, pero aún muy débil. Mejor no molestarla".

Anton asintió, sin mostrar emoción alguna, y se acercó a la cama. Margarita yacía inmóvil, con los ojos cerrados, la respiración regular, su cuerpo aparentemente muerto. Las emociones la ardía en su interior: miedo, ira, esperanza. Sentía cada movimiento, cada paso en el frío suelo.

"Listo", dijo Anton, poniendo la mano sobre la sábana. "Todo bien. No me hagas preocupar. Estaré allí en un minuto".

Se dio la vuelta, como si revisara su teléfono, como si Margarita fuera solo un objeto de su interés, no una persona. El corazón de la mujer se encogió. Toda su sensación de realidad, toda su fe en su marido, se desmoronaba con cada instante.

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