La suegra irrumpió en el apartamento gritando: «¡¿Dónde está el dinero?!». Y ya al día siguiente perdió el acceso a todo…

—¡Mi madre ya no tiene acceso a nada! ¡Ni siquiera puede entrar en el piso! ¿Qué has hecho?

—He puesto límites —respondió Marie—. Los que deberíamos haber puesto juntos hace mucho tiempo.

—¡Eres egoísta! —gritó—. ¡Solo piensas en ti!

Marie se levantó y lo miró directamente a los ojos.

—No. Por primera vez, también pienso en mí.

Hubo un largo silencio. Luego, sin decir una palabra, Victor hizo la maleta y se fue a casa de su madre.

El apartamento volvió a quedar en silencio. Pero esta vez el silencio no dolía. Marie abrió la ventana, dejó entrar el aire frío y sintió cómo algo pesado se desprendía de su pecho.

Sabía que le esperaban días difíciles. Tal vez un divorcio. Tal vez la soledad. Pero también sabía una cosa: aquel dinero no había sido solo una prima. Había sido el precio de su valentía.

Y, por fin, estaba lista para pagarlo.

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