Y Gleb...
Gleb permaneció en el pasado. En ese pasado donde las mujeres aguantan, esperan y agradecen por pequeñas atenciones. Su mundo se detuvo en seco cuando salió del apartamento con una bolsa azul.
El mundo de Lisa empezó a girar más rápido.
Y esa fue su victoria.
Tranquila, femenina, genuina.
No suplicó.
No se aferró.
No se aferró.
Simplemente cerró la puerta.
Y abrió la ventana.
A veces eso basta para volver a ser uno mismo.
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