Llega un momento en la vida de cada mujer...

La misma que se habían llevado a la playa por primera vez. En aquel entonces, Lisa la había empaquetado demasiado; él se rió, diciendo que planeaba mudarse definitivamente.

Ahora ella la empaquetaba.

Dobló cada camisa, cada cinturón, cada calcetín con pulcritud, como si estuviera empaquetando una vitrina. Sin irritación, sin temblores. Solo silencio.

Gleb se quedó en la puerta, mirando sus cosas, como si se hubiera esfumado de su vida.

"¿Qué haces?", susurró.

"Te estoy ayudando a ir a donde estás mejor."

Subió la cremallera, dejó el bolso junto a la puerta y la abrió de par en par. No sabía adónde iría. Pero eso ya no era su preocupación.

"No pensé que serías así..."

"¿Qué pensabas?", preguntó Lisa levantando la cabeza por primera vez esa noche. "¿Que me iba a poner a luchar por alguien que ya había decidido irse?"

Miró hacia otro lado. Incluso él se sentía avergonzado de su propia cobardía.

La puerta se cerró silenciosamente; ambos lo entendieron: era el sonido del fin.

2. DÍAS DESPUÉS

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