MADRE DEL MILLONARIO grita “¡No me pegues más!” — El HIJO entra y su furia hiela a su PROMETIDA…

Es una cuestión de imagen, ¿entiende? De la imagen de la familia. Ya está decidido. Nos vamos después de comer. El viaje en el coche de lujo de Valeria fue una tortura silenciosa. Mientras el chóer navegaba por las calles más exclusivas de la ciudad, Valeria parloteaba sin cesar sobre la lista de invitados. Vendrá el senador Robles y su esposa. No sabes los diamantes que usa esa mujer. También confirmé al empresario Gastón Fernández, el dueño de la constructora más grande del país.

Tienes que ser especialmente amable con él. Suegra es un posible inversionista para Alejandro. Ah, y lo más importante, nada de contar sus anécdotas de cuando Alejandro vendía gelatinas en la calle. Por favor, a esta gente no le interesan esas historias de superación, les parecen de mal gusto. Usted solo sonría y asienta. ¿Entendido? Isabel no respondió. Se limitó a mirar por la ventana, sintiéndose cada vez más pequeña, cada vez más ajena. El coche se detuvo frente a una boutique cuyo nombre estaba escrito en letras doradas y elegantes.

No tenía escaparate, solo una puerta de cristal oscuro que prometía un mundo de exclusividad y precios exorbitantes. Al entrar, una vendedora alta y delgada, maquillada a la perfección, las recibió con una sonrisa ensayada. “Valeria, querida, qué milagro”, dijo dándole dos besos al aire. Brenda, ¿cómo estás? Te presento a la mamá de Alejandro, se llama Isabel. Buscamos un vestido para la fiesta de compromiso. Algo espectacular. La tal Brenda recorrió a Isabel con una mirada rápida y despectiva, deteniéndose un segundo en sus zapatos cómodos y su bolso sencillo.

Claro que sí. Para la señora tenemos unas cosas preciosas que acaban de llegar de Milán. Síganme. El interior de la tienda era intimidante, vestidos colgados como obras de arte, un silencio sepulcral y una alfombra tan gruesa que parecía que caminaban sobre nubes. Valeria comenzó a sacar vestidos de los percheros con una energía febril. A ver, suegra, pruébese. Este, le entregó un vestido de lentejuelas doradas con un escote pronunciado y una abertura en la pierna que habría hecho sonrojar a una veintañera.

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