MADRE DEL MILLONARIO grita “¡No me pegues más!” — El HIJO entra y su furia hiela a su PROMETIDA…

Tengo miedo de que se lastime y no estemos aquí para ayudarla. La mentira sobre hablar con su padre muerto fue un golpe bajo y efectivo. La preocupación de Alejandro se despertó. Fue por eso que estuve investigando. Continuó Valeria mostrándole la pantalla de su tableta con el folleto falso. Encontré este lugar. Se llama Villa Serenidad. No es un asilo, mi amor. Es un centro de bienestar integral, un spa de lujo para personas mayores. Mira las instalaciones. Tienen médicos geriatras las 24 horas, clases de yoga, terapia ocupacional, jardines hermosos para pasear.

Estaría atendida por especialistas, rodeada de gente de su edad. Sería como unas vacaciones permanentes para ella. Alejandro miraba las fotos retocadas y leía el texto fraudulento, y la idea comenzó a parecerle razonable. No sé. Vale. Me sentiría como si la estuviera abandonando. Es mi mamá. Abandonarla sería dejarla aquí sola todo el día, corriendo el riesgo de que se caiga por las escaleras de verdad o deje el gas abierto, replicó Valeria usando el chantaje emocional. Amarla es buscar lo mejor para ella, aunque nos duela.

Yo solo pienso en su seguridad y en su felicidad, pero si tú prefieres arriesgarte, bueno, es tu decisión. Yo solo quería que tuvieras la conciencia tranquila. El argumento era demoledor, cansado, estresado y completamente manipulado. Alejandro se dió. Está bien, tienes razón. Tu corazón es tan noble que a veces me avergüenzo. Este fin de semana vamos a visitar el lugar sin compromiso. Si es tan bueno como dices, entonces hablaremos con ella. Isabel, que había preparado un té de tila para su hijo al verlo llegar tan agobiado, se acercaba en ese momento al despacho.

La puerta estaba entreabierta y llegó justo a tiempo para escuchar la frase final de Alejandro. Hablaremos con ella. vio la sonrisa de triunfo en el rostro de Valeria. Entendió de inmediato de que hablaban. El plan que Valeria le había anunciado a gritos en la cocina semanas atrás se estaba haciendo realidad. Su hijo, su propio hijo, estaba planeando deshacerse de ella. La bandeja de plata se deslizó de sus manos temblorosas. La taza de porcelana y la tetera se hicieron añicos contra el suelo de mármol con un estruendo que partió el silencio de la noche.

El sonido abrupto y violento hizo que Alejandro y Valeria se giraran de golpe. En el umbral de la puerta estaba Isabel con los ojos fijos en su hijo. En su rostro no había tristeza ni miedo, sino una expresión de horror absoluto. La mirada de alguien que acaba de ver al ser que más ama en el mundo transformarse en un monstruo. La traición era completa, innegable y más dolorosa que cualquier golpe físico. Estaba sentenciada y su propio hijo acababa de firmar la orden.

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