Le hice un folleto falso, amiga, con fotos de otro lado. Quedó divino. Él cree que la manda a un spa de lujo. Cuando vaya a visitarla y vea la posilga inmunda que es en realidad, le voy a decir que la administración nos engañó con la publicidad, que es una estafa. Lloraré un poquito, me indignaré y le diré que ya es muy tarde, que los contratos están firmados por un año y que sacar a la vieja nos costaría una millonada en penalizaciones.
¿Qué te parece mi actuación? Isabel, escondida entre las rosas, sintió que el aire le faltaba. La frialdad del plan era monstruosa. Con manos que se negaban a quedarse quietas, sacó su celular del bolsillo de su delantal. abrió la aplicación de la grabadora de voz y rezando a todos los santos, presionó el botón de grabar. “Eres diabólica, vale”, dijo Brenda entre risas. “¿Y después qué?” Después, el paraíso, amiga, una vez que nos casemos, empieza la segunda fase del plan.
Haré que Alejandro me ponga como beneficiaria principal en todas sus cuentas y propiedades. Usaré la excusa de que es para proteger el patrimonio de la familia por si algo le pasa. Es tan noble y tan trabajador y tan menso. Se cree cualquier cosa que le digo envuelta en un discurso de amor y protección. A veces hasta me da un poco de lástima, pero se me pasa rápido cuando veo el estado de cuenta de su tarjeta. Isabel tuvo que morderse el labio para no ahogar un soy de dolor al escuchar como se refería a su hijo.
Y con la vieja, ¿qué harás?, preguntó Brenda. Una vez que esté bien encerrada en ese hoyo y yo tenga el control del dinero, las visitas se irán espaciando. Al principio iremos cada fin de semana para que Alejandro no sospeche. Luego, una vez al mes, le diré, tenemos mucho trabajo, mi amor. Salió un viaje de negocios inesperado, mi vida. Luego las visitas serán en Navidad y en su cumpleaños. Y finalmente, ni eso, la dejaremos ahí, que se pudra sola hasta que se muera.
Será mi verdadero regalo de bodas, una vida sin su sombra, sin su olor a naftalina, sin su cara de reproche. Libertad total. La conversación continuó, pero Isabel ya había grabado suficiente. Tenía el veneno, la prueba, la conspiración completa en un pequeño archivo de audio. Con un cuidado infinito, detuvo la grabación y guardó el teléfono. Justo en ese momento, Valeria terminó la llamada, se levantó del camastro y se estiró como una gata satisfecha. Su mirada barrió el jardín.
Por un segundo se detuvo en los rosales. ¿Quién anda ahí? Gritó su voz de repente afilada. Isabel se quedó inmóvil. Su corazón se detuvo. Sintió que todo se había acabado, pero de detrás de unos arbustos cercanos apareció uno de los jardineros, un hombre mayor llamado Ramiro. Perdón, señorita, solo estaba quitando la mala hierba. Con su permiso, Valeria lo miró con sospecha por un largo instante, pero finalmente lo despidió con un gesto de fastidio. Pues hágala en silencio, que me molesta el ruido.
Se dio la vuelta y entró en la casa. Isabel esperó a que el jardinero se alejara y, sintiendo que las piernas apenas la sostenían, se escabulló de regreso a la casa por la puerta de servicio. Subió a su cuarto y se encerró. sacó el teléfono y se puso los audífonos. Presionó Play. La voz de Valeria, clara y cruel llenó sus oídos, detallando cada paso de su plan diabólico. Lo tenía. Tenía la bomba que podía destruir a Valeria.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
