Ahora solo tenía que encontrar el momento y el valor para detonarla. Los días que siguieron a la grabación fueron una tortura de espera y tensión. La fiesta de compromiso era el sábado y la mansión era un caos de preparativos. Isabel se aferraba a su teléfono como si fuera un amuleto sagrado, esperando el momento perfecto para mostrarle la grabación a Alejandro. Pero ese momento nunca llegaba. Su hijo vivía en un torbellino de reuniones, llamadas y decisiones de último minuto.
Cuando estaba en casa, Valeria no se le despegaba ni un segundo, colgándose de su brazo, interrumpiendo cualquier intento de conversación privada. Isabel se sentía como una francotiradora, esperando un tiro limpio que nunca se presentaba. Mientras tanto, Valeria, ignorante del arma que Isabel poseía, intensificaba su guerra psicológica. Sabía que el tiempo se agotaba y necesitaba consolidar la imagen de Isabel como una anciana senil antes de enviarla al asilo. Le cambiaba de lugar sus cosas personales, el libro que estaba leyendo, su chaltejido, para luego ayudarla a encontrarlas en lugares absurdos.
Suegra, por Dios, ¿qué hacen sus lentes en el azucarero? Decía con falsa sorpresa frente a Alejandro. De verdad que cada día me preocupa más. Isabel tuvo que soportar la humillación, sabiendo que protestar solo reforzaría la narrativa de Valeria. La crueldad de su futura nuera llegó a un nuevo nivel cuando Isabel recibió una llamada de consuelo. Una de sus comadres de toda la vida. Valeria, que estaba cerca, le arrebató el teléfono de la mano. Hola. Ah, Consuelo. ¿Cómo está?
Habla Valeria, la prometida de Alejandro. Sí, aquí está su comadre, pero la verdad es que ahorita no está muy lúcida. Pobrecita, anda diciendo cosas raras. No, no, no se preocupe, la estamos cuidando mucho. Yo le doy su recado. Ándele, que esté bien. Colgó el teléfono cortando el último lazo de Isabel con su mundo exterior. No queremos que ande esparciendo sus locuras con sus amigas, ¿verdad?, dijo devolviéndole el teléfono con una sonrisa venenosa. La confirmación de sus peores temores llegó a través de Lucia.
La leal empleada la buscó en la biblioteca con el rostro pálido por el miedo. “Señora, tengo que advertirle algo”, susurró mirando hacia la puerta. Escuché a la señorita Valeria hablando con el chóer. Le dio instrucciones muy claras. Le pidió que tuviera el coche listo mañana. Viernes a las 9 de la mañana en punto, le dijo que sería para un viaje largo fuera de la ciudad y le especificó que viniera solo sin el otro escolta. Le dijo que iban a trasladar un paquete muy delicado y frágil.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
