MADRE DEL MILLONARIO grita “¡No me pegues más!” — El HIJO entra y su furia hiela a su PROMETIDA…

Las lágrimas le cegaban la vista y sus manos temblaban mientras intentaba juntar los pedazos de la fotografía rasgada. Valeria se quedó de pie sobre ella, con el pecho subiendo y bajando por la agitación, una diosa de la destrucción contemplando su obra. En su rostro no había arrepentimiento, solo el placer salvaje de la victoria. La máscara de perfección no solo se había roto, había sido pulverizada y el monstruo que habitaba debajo se regodeaba en la devastación que había causado.

Creía que finalmente había quebrado a Isabel por completo. La sala quedó en silencio, roto solo por los hoyosos desgarradores de una madre arrodillada sobre los restos de su corazón. La sala de la mansión se había transformado en un campo de batalla. El aire estaba viciado por el odio y la tensión. Isabel, arrodillada entre los cristales rotos de su recuerdo más preciado, sentía cada trozo de vidrio como una puñalada en su propio corazón. Los soyosos le sacudían el cuerpo, pero no eran soyosos de derrota, eran de una rabia profunda y primordial.

Valeria la contemplaba desde arriba con el pecho agitado, saboreando su aparente victoria. Creía haberla destruido, pero subestimaba la fuerza de una madre herida en lo más sagrado. ¿Qué pasa, suegrita? Se le rompió su juguetito. Se burló Valeria, su voz un siceo venenoso. Debería darme las gracias. Le estoy haciendo un favor al borrarle esos recuerdos de pobreza. En su nueva vida en Villa Serenidad, no tendrá espacio para sentimentalismos baratos. Lentamente, con una dignidad que pareció nacer de las ruinas de su dolor, Isabel se puso de pie.

Se sacudió los pequeños fragmentos de cristal de su vestido, ignorando los finos cortes que le habían hecho en las manos. Levantó la cara, sus ojos, enrojecidos por el llanto, ya no mostraban miedo, sino una llama fría y dura. Puedes romper un portarretratos, Valeria. Puedes tirar mi café, puedes esconder mis cosas, puedes humillarme, dijo. Su voz era baja, pero cortaba el aire como un cuchillo. Pero hay algo que nunca vas a poder romper y es el amor que mi hijo siente por mí.

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