MADRE del MILLONARIO suplica “NO SÉ NADAR” — el HIJO aparece FURIOSO y hace ESTO con la ESPOSA…

“Si lo tiró, que lo levante”, murmuró con suavidad, pero sus ojos brillaban con frialdad. Doña Antonia intentó disimular, inclinándose con esfuerzo para tomarlo, pero en su corazón sintió un nudo que no se desató más. Los episodios se multiplicaron. El té de las tardes que Rosa preparaba con esmero fue reemplazado por agua tibia por la salud de la señora. Los periódicos que Vinicio acostumbraba dejar en la mesa de su madre desaparecían misteriosamente. Incluso la televisión donde ella veía la misa dominical fue cambiada de lugar, sustituida por un moderno aparato instalado en la recámara matrimonial.

Cada detalle era pequeño, casi invisible para alguien que no viviera en la casa. Pero para doña Antonia, la suma de esos gestos se volvía un peso constante. Rosa no pudo callar más. Una noche, mientras ayudaba a la anciana a acomodar sus almohadas, le susurró con la voz apretada, “Señora, esa mujer no la quiere. Cuídese. Yo lo siento en el alma.” Doña Antonia la miró con tristeza. Lo sé, Rosa, pero Vinicio la ama. ¿Qué madre quiere destruir la ilusión de su hijo?

Esa respuesta fue un suspiro que se quedó flotando en la habitación. Lo cierto era que Viviana tenía una obsesión creciente por los bienes de la familia. preguntaba por escrituras, títulos de propiedad, acciones de la empresa. Siempre lo hacía con el pretexto de ayudar a ordenar los papeles, pero su mirada decía otra cosa. Una noche soltó la pregunta clave. Vinicio, tu mamá todavía tiene acciones de la compañía. Él respondió con naturalidad, sin sospechar nada. Sí, 60% aún está a su nombre.

Viviana guardó silencio, pero dentro de sí esa cifra resonó como un tesoro escondido, 60% más de la mitad de todo lo que admiraban los demás, dinero, prestigio, poder y en manos de una mujer mayor, frágil, vulnerable. A partir de ese momento, la ambición se transformó en plan. comenzó a insinuar que doña Antonia ya no estaba en condiciones de manejar responsabilidades. Frente a Vinicio, mostraba un rostro de preocupación. Amor, tu mamá se ve muy cansada. Quizás debería descansar de una vez.

Ella ya hizo su vida. Ahora te toca a ti. Pinicio la escuchaba distraído, sin ver la sombra que se escondía detrás de esas palabras. Pero Rosa desde la cocina comprendía el veneno disfrazado de cuidado. La mansión poco a poco dejaba de ser un hogar para convertirse en un campo minado donde cada gesto podía ser una trampa. El primer intento serio ocurrió una tarde calurosa de martes. Vinicio había viajado a Ciudad de México para reunirse con inversionistas y la casa estaba en silencio.

Doña Antonia bordaba en la sala mientras Rosa preparaba té en la cocina. Viviana entró con un vestido ligero y una sonrisa congelada. Vamos a caminar al jardín, suegra. Le hará bien un poco de aire fresco. La anciana dudó, pero terminó levantándose con la ayuda de su bastón. Viviana la condujo lentamente hasta la alberca, charlando con voz suave. A veces pienso que Vinicio sería más libre sin tantas preocupaciones”, dijo dejando la frase en el aire. Doña Antonia se detuvo sintiendo un escalofrío.

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