Una madre soltera en apuros perdió una entrevista de trabajo por ayudar a una desconocida. Al día siguiente, un CEO fue a buscarla. Mami, ya son las 9:30. Las manos de Camila temblaban mientras presionaba la tela de su uniforme contra la frente ensangrentada de la mujer. La acera fría del centro de Bogotá le lastimaba las rodillas, pero el dolor era insignificante comparado con el peso que aplastaba su pecho. La entrevista. El hospital San Rafael, su única oportunidad. Señora, ¿me escucha?
Necesito que se quede conmigo. La mujer mayor parpadeó desorientada. Su ropa cara, un abrigo de lana que probablemente costaba más que el alquiler mensual de Camila, contrastaba brutalmente con el polvo de la pared de ladrillos contra la que se había desplomado. No recuerdo. Está bien, tranquila. Ya viene la ambulancia. Luna se aferró al brazo de su madre, sus ojos de 7 años demasiado grandes en su rostro pequeño. Mami, la señora del hospital dijo que si llegabas tarde.
Lo sé, mi amor. Camila cerró los ojos por un segundo. 3 años de escuela nocturna. Incontables turnos dobles. Todo para conseguir esa entrevista en el Hospital San Rafael. El trabajo que les daría estabilidad, un salario fijo, prestaciones, el trabajo que significaba que Luna podría ir a una escuela mejor, que no tendrían que contar cada peso para comprar comida. Ese trabajo se estaba escapando de sus manos como agua. Pero tu entrevista es a las 9:30, mami. Son las 9:35.
Las lágrimas amenazaron con salir, pero Camila las tragó. No delante de Luna, nunca delante de Luna. ¿Dónde estoy? La voz de la mujer mayor sonaba frágil, asustada. ¿Dónde está mi hijo? Todo va a estar bien, señora. El personal médico viene en camino. Camila revisó de nuevo. La herida no era profunda, pero la confusión de la mujer era preocupante. Un golpe en la cabeza, algo más. Al otro lado de la calle, Sebastián Salazar observaba la escena con el corazón latiéndole violentamente.
Su madre, en el suelo con sangre en la frente había recibido la llamada del conductor hacía 20 minutos. Su madre había salido del auto confundida, caminando hacia ninguna parte. Había buscado frenéticamente por estas calles hasta que finalmente la vio. Pero no estaba sola. Una mujer joven en uniforme azul de enfermera se arrodillaba junto a ella. moviéndose con la precisión de alguien entrenado para emergencias. Una niña pequeña, su hija obviamente, se aferraba a ella susurrándole algo al oído.
La enfermera no las alejaba, no gritaba por ayuda, no sacaba su teléfono para tomar fotos, solo ayudaba. Sebastián dio un paso hacia ellas, pero algo lo detuvo. Quería ver. Necesitaba ver qué clase de persona ayudaba sin buscar nada a cambio. La sirena de la ambulancia rompió el aire de la mañana. Ya vienen, señora. Todo estará bien. Gracias. La mujer mayor agarró la mano de Camila con una fuerza sorprendente. Gracias, hija. Camila sintió que algo se quebraba en su interior.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
