Madre soltera perdió una entrevista de trabajo por ayudar a una desconocida — al día siguiente…

Todo el barrio está orgulloso. Gracias. Y gracias por no olvidarnos, por seguir viniendo, aunque ahora trabaje en ese hospital elegante. Camila sintió lágrimas en los ojos. Este siempre será mi hogar, don Ramírez. Lo sabemos. Y él también, señaló a Sebastián. Es un buen hombre. Se nota que la ama de verdad. Sí, me ama de verdad. Esa noche, de vuelta en su apartamento, luna dormida en su propia habitación ahora con su propia cama y escritorio y espacio para todos sus dibujos, Camila y Sebastián se sentaron en su pequeño balcón.

Kennedy se extendía ante ellos, ruidoso, caótico, hermoso a su manera. ¿Te arrepientes? Camila preguntó suavemente. De elegir esto. ¿En lugar de lugar de qué? Una mansión vacía, cenas formales sin risa, una vida donde nada importaba realmente? Cuando lo dices así, Camila se volvió hacia ella. Mira lo que tenemos. Una hija que me enseña a cocinar, una esposa que me hace mejor persona, un propósito que va más allá de ganancias trimestrales. Tomó su mano. No cambiaría nada, ni siquiera la lasagnaña quemada, especialmente no la lasagnaña quemada.

Fue un momento formativo. Ella se rió recostándose contra él. La gente todavía habla, ¿sabes? Algunos de tus socios de negocios que hablen. Los que importan entienden, los demás se encogió de hombros. No necesito su aprobación para vivir mi vida. ¿Cuándo te volviste tan sabio? Cuando una enfermera hermosa me enseñó que el valor real no tiene precio. Muy cursy. Pero cierto. Abajo en la calle, doña Ruiz salía a barrer su entrada. Los vio en el balcón y saludó.

Buenas noches, tortolitos. Buenas noches, doña Ruiz. Esto era su vida. No, un cuento de hadas donde el príncipe rescata a la doncella. Era mejor que eso. Era real. Camila miró a su esposo, el hombre que había dejado su gala para encontrarla, que había desafiado su mundo por ella, que cocinaba comida terrible con amor genuino, y pensó en cómo habían llegado aquí. No a través de rescates o salvaciones, a través de elecciones, trabajo duro, valentía compartida, se habían salvado mutuamente en las formas que importaban.

¿En qué piensas? Sebastián preguntó en transformación, en cómo dicen que el amor lo conquista todo, pero eso no es verdad. El amor no conquista, el amor transforma. ¿Trasó qué? Todo me transformó de alguien que tenía miedo de reclamar su valor a alguien que conoce su valía. Te transformó de alguien viviendo la vida de otro a alguien viviendo con propósito y juntos estamos transformando lo que familia significa, lo que es posible. Suena como final de película, pero es mejor porque es verdad.

Sebastián la besó suave y profundo. Cada día te elijo. Cada día. Y yo a ti, cada día. Adentro. Luna se movió en su sueño, soñando probablemente con rosas amarillas y nuevos dibujos. y en su pequeño apartamento en Kennedy, conectado ahora más espacioso, pero todavía fundamentalmente suyo, una familia que el mundo dijo que no podía existir, demostró que el amor no conoce fronteras de clase, solo conoce corazones valientes dispuestos a luchar y transformar y elegir cada día el amor sobre el miedo.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.