Pero la historia de Lucas también nos muestra algo más, que el cambio es posible, que las personas pueden crecer, que los sistemas pueden mejorar cuando exigimos algo mejor. La señora Whitmore podría haber negado lo que hizo. Ella podría haber puesto excusas. Podría haber culpado a Lucas por ser demasiado sensible. En cambio, hizo lo más difícil. Examinó sus propios prejuicios, se disculpó sinceramente, cambió su aula y su manera de enseñar. Eso no borra lo que hizo, pero muestra un camino hacia delante.
La escuela primaria Jefferson podría haber ocultado el incidente. En cambio, implementaron capacitación obligatoria sobre prejuicios. Cambiaron sus políticas, crearon sistemas para evitar que volviera a suceder. Así es como mejoran las instituciones, reconociendo el daño y tomando medidas concretas para prevenir futuros daños. Y Lucas, él podría haber dejado que esa experiencia lo volviera pequeño y silencioso. En cambio, creó un programa de mentoría entre pares, compartió su historia, ayudó a otros niños a encontrar su voz. Eso es resiliencia, no porque el trauma lo hiciera más fuerte, sino porque decidió usar su experiencia para ayudar a los demás.
Entonces, ¿qué puedes hacer tú? Primero, hazte algunas preguntas difíciles. Cuando alguien te cuenta su verdad, especialmente alguien de una comunidad marginada, le crees o inmediatamente buscas razones para dudar. Cuando un niño comparte algo que parece inusual o impresionante, tu primer impulso es celebrarlo o cuestionar si está exagerando. Cuando ves que alguien está siendo tratado injustamente, ¿hablas o te quedas callado para evitar incomodidades? No son preguntas cómodas, pero sí necesarias. Segundo, actúa. Si eres padre o madre, habla con la escuela de tu hijo sobre la capacitación en prejuicios implícitos.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
