MATÓN DERRAMÓ CERVEZA SOBRE LA CABEZA DE ESCOBAR SIN SABER QUIÉN ERA. HASTA HOY SE ARREPIENTE…

Era una noche calurosa de viernes en Medellín, año 1982. Pablo Escobar había decidido salir de su rutina habitual para visitar un bar discreto en el barrio Laureles, lejos de los lugares donde normalmente se reunía con sus socios. Vestía ropa casual, jeans oscuros y una camisa blanca de lino, intentando pasar desapercibido entre la multitud.

Sus guardaespaldas permanecían a distancia prudente, mezclándose con los clientes del establecimiento. El bar La Estrella Dorada era conocido por su ambiente relajado y su clientela variada, desde estudiantes universitarios hasta trabajadores que buscaban olvidar la semana laboral. Pablo se sentó en una mesa del rincón, pidió un whisky doble y encendió un cigarrillo marboro, observando el movimiento del lugar con esa mirada penetrante que caracterizaba al hombre más poderoso del narcotráfico colombiano. La música de salsa sonaba a todo volumen mientras las parejas

bailaban en la pequeña pista improvisada. En la barra, un hombre corpulento de aproximadamente 30 años llamado Rodrigo el Toro Mendoza, bebía cerveza tras cerveza, celebrando con sus amigos una supuesta victoria en una pelea callejera. Rodrigo era conocido en el barrio como un matón de pocamta, alguien que resolvía problemas menores para comerciantes locales a cambio de dinero.

 

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